¿ Y si dejaras de pensar?

¿ No sabemos hacer otra cosa?

Uno puede pensar. Uno puede pasarse todo el día pensando. Simplemente no parar, caer en la inercia del día a día y perderse en el ruido. Uno puede caer en la trampa de su propio ego. No querer salir de un lugar por creer que es el lugar correcto. Porque toda su experiencia y sus interpretaciones lo han llevado hasta allí. Y ahí permanecer, vivir, o sobrevivir en la locura del que se cree sabio, todo lo ve y todo lo controla.

En mi experiencia acompañando personas, la trampa del pensamiento y del ego es recurrente. Acudimos a nuestra mente como una salvadora sin darnos cuenta de que a veces, es nuestra peor cárcel. Nuestros pensamientos del día a día, todo ese ruido, toda esa información nos sumergen en una tormenta a la que nos acostumbramos, que aceptamos y naturalizamos. Nos sentimos inconscientemente tranquilos en nuestro propio caos, creado por nosotros mismos.

A veces creemos que podemos ver más allá de nuestras barreras y de nuestros límites, damos todavía más espacio al ego que se crece dejando de lado a nuestro Ser. Creemos en juicios que nos limitan en vez de potenciarnos y nos encerramos en un laberinto, un torbellino sin fin.

La ¨vibra¨ no es pensamiento

Cada vez que acompaño a alguien me hace de espejo de una parte de mí. Supongo que por eso también me eligen. Compartimos una conexión más allá del pensamiento, una ¨vibra¨ que nos armoniza. Lo curioso es que esa ¨vibra¨, nada tiene que ver con el pensamiento. A menudo es un feeling, una sensación, algo que se siente más allá de lo que se analiza. Y en ese momento empieza una aventura y un reto desde otro lugar, desde una mirada que no sé enfoca sólo en la mente, sino que integra la emoción, el cuerpo, nuestros otros Yoes. Aquellos curiosamente suelen estar más cercanos a nuestro Ser.

Verbalizar, soltar, hacer el ejercicio de poner en orden lo que sentimos, de describirlo, de tomar conciencia, de dejar espacio y dar voz a nuestras otras partes es, sencillamente, liberador. En realidad, vivimos el secuestro del pensamiento sin saberlo, nos inmoviliza, y no nos suelta porque creemos falsamente que es mejor. Pero vivir sin atender todo lo que somos puede tener un elevado precio. Nos puede llevar a un camino dónde podemos perdernos.

¿ Y si miras más allá?

Te invito querido lector a tomar conciencia de la relación que mantienes contigo mismo, con tu ser, con las otras partes de ti que no están quizá, tan presentes en tu día a día. Te invito a preguntarte, ¿qué sucedería si les dieras más espacio y más voz? ¿Qué surgiría? ¿Qué recordarías? ¿A dónde te acercarías? ¿quién serías?

 

 

 

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